ARCO: caleidoscopio de lo contemporáneo

Nuestro trabajo como agencia oficial de IFEMA nos permite durante todo el año ser en cierta manera protagonistas de acontecimientos culturales de primer orden.  A eventos recientes como FITUR  o la Madrid Mercedes Benz Fashion Week, se suma en estos días ARCO, Feria Internacional de Arte Contemporáneo, que ha tenido lugar desde el pasado miércoles 21 al domingo  25 en los pabellones 7 y 9 de la Feria de Madrid.  Es un proceso de enriquecimiento mutuo.  Desde New Line nos encargamos de implementar  y formar a nuestro personal que se encarga de gestionar  los accesos y de informar al personal asistente y atenderles en sus posibles necesidades y a la misma vez nos ofrece la posibilidad de conocer de primera mano, la deriva del arte contemporáneo.

El visitante que acceda por la entrada del pabellón 9 puede dar cumplidas ciertas expectativas. La galería de  Elvira González acoge obras de artistas como Miquel Barceló, Joan Miró, Julio González  o  Robert Mapplethorpe.  Estos autores universalmente reconocidos, que  parecen darnos la bienvenida al universo  de la modernidad, se convierten en los maestros que darán paso  a los discípulos.

 

 

Podríamos decir que el arte contemporáneo vive de la polémica y la subjetividad, si no fuese porque sabemos que en el Siglo XIX  ya la discusión sobre el valor artístico de las obras o su idoneidad envolvió a autores como Manet.  No obstante, la mirada del espectador, especialmente el más profano en arte, vive en Arco en un continuo tránsito entre la admiración, la sorpresa y la incredulidad. Como ejemplo, una obra de William Mackrell, situada en la galería londienense The Ryder, que acapara todas las miradas . La curiosidad inicial de ver a una persona tumbada  sobre un lecho a casi dos metros de altura, da paso a la reflexión y al cuestionamiento personal.  La obra de arte cumple su función.

La heterogeneidad de propuestas de una feria como Arco es su valor principal. No hay que perder de vista que es una feria cuyo principal objetivo es la exhibición de un mercado que muchas veces permanece ajeno al gran público. Junto a galeristas clásicos de nuestro país como Galería Marlborough o Juana de Aizpuru, que en uno de los espacios para proyectos especiales nos presenta una performance multilingüe de Jordi Colomer  en torno a un texto de Kafka, nos encontramos con cientos de propuestas  de múltiples nacionalidades.

Puede parecer que caemos en un  tópico si decimos que el espacio de exhibición es un caleidoscopio de sensaciones, pero así es.  Tras el deambular entre expositores, cuando se abandona Arco,  el visitante tiene la convicción de la necesidad de un mundo en el que el arte es una necesidad, no sólo un capricho.

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